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Arturo Quirantes en Albedrio

Diciembre 6th, 2007 by oneras

CÓMO SOBREVIVIR A LA SGAE

(versión 0.99)
Por Arturo Quirantes Sierra

(De la primera jornada Albedrío/Albir, Barcelona, 24 noviembre 2007)

La charla ésta de “cómo sobrevivir a la SGAE” podía sonar algo así como “cómo sobrevivir al cáncer”, en el sentido de que cuando a uno le da tiene que buscar cualquier tipo de solución, remedio, prepararte, documentarte, pero hasta que no nos toca a nosotros o a alguno que tengamos cerca, no nos preocupamos por ella. Es una cosa lejana, que le pasa a otra gente, pobrecitos, me solidarizo moralmente con ellos, pero mientras no me incumbe a mí realmente no tomo parte activa.

Y, según eso, yo no debería estar aquí. Porque yo no hago discos, no los vendo, no hago música, le canto nanas a mis niños cuando eran pequeños (ahora ya ni eso), pero quitado eso no tengo prácticamente ninguna otra actividad relacionada con la música o con los derechos de autor más que ponerme el mp3 de vez en cuando y disfrutar la música.

Pero, ¿qué pasa? Pues que incluso en ese caso nos vamos a encontrar con la SGAE en un sitio o en otro. En algunos casos es más evidente, cuando alguien -por ejemplo- pone un comentario en un blog contra alguien de la SGAE, como algunos casos que hemos visto aquí, o cuando directamente van a por tí porque les has dicho una cosa o porque creen que les has injuriado, has pirateado o lo que sea …o simplemente, cuando al del blog de al lado le ha caído un puro por meterse con Pedro Farré (pongamos por caso) y tú estás al lado y dices “huy a ver qué cuento yo en el próximo mensaje”. Es decir, ya se nos obliga a tomar una actitud relacionada con esta gente que, nos toque más cerca o más lejos, nos la vamos a encontrar tarde o temprano. Así que tenemos que saber cómo tratar con ellos y cómo sobrevivir. Y digo sobrevivir básicamente porque ellos son más potentes que nosotros económicamente, son más malos en los tribunales … es decir, hay que ir un poquito avisados.

Bueno, cuando digo SGAE que nadie piense que tengo nada personalmente contra la SGAE. Si acaso tendría algo contra la SGAE, contra EGEDA, contra todas las asociaciones que hemos visto hoy de recogida de dinero por derechos de autor. Lo que pasa es que es más sencillo decir SGAE que decir “SGAE y todas estas que hay aquí”. Usamos SGAE como una manera de particularizar el enemigo. Pero la idea es sobrevivir a todas estas entidades de gestión, o sea que hay que ponerlo en un marco un poco más amplio. Y eso, a su vez, podríamos incluso ponerlo en un marco más amplio todavía, que es el de lo que podríamos denominar la “sociedad de la vigilancia global”. Es decir, la SGAE es sólo una de tantas entidades que se dedica a vigilar a los ciudadanos, a ver lo que dicen y a actuar en consecuencia. Esto se hace a todos los niveles: empresarial, gubernamental (y, desde el 11-S, ya ni os cuento), pero por desgracia podríamos estar aquí hasta medianoche hablando del tema que, aunque es muy interesante, se nos escaparía. Entonces, vamos a hablar no tanto del Gran Hermano como de los Medianos Hermanos musicales (de los que tenemos tanto miedo), pero sin olvidar que están englobados dentro de este marco, y que van a participar en algunas ocasiones de estas ventajas de la sociedad de la vigilancia.

En cualquier caso, si quitamos de en medio consideraciones del tipo de “me gusta el canon, no me gusta el canon, es justo esto, no es justo esto”, abstrayendo al máximo tenemos básicamente una premisa, unos medios y un objetivo.

La premisa es: tenemos derecho a recaudar dinero porque alguien reproduzca música. Es el caso de SGAE, de EGEDA, los de CEDRO son reproducciones de obras escritas pero bueno, los metemos a todos en el mismo saco.

El objetivo es: si atendemos a la SGAE, son unas hermanitas de la caridad que lo único que quieren es ganar mucho dinero para dárselo a los autores; según nosotros son unos XXXXXXX,que lo único que quieren es enriquecerse. Pero en suma, ¿de qué se trata? De forrarse. Como decía David Bravo, hay que forrarse. Entonces se trata de: a partir de la música que nosotros gestionamos, sacar el máximo de dinero posible. ¿Cómo? Pues cobrando todo lo que podamos. Y si no le cobramos a usted por silbar música por la calle, no es porque tenga permiso sino porque todavía no le podemos pillar. Pero lo están haciendo a todos los niveles que pueden. Están intentando cobrar por descargar de Internet, por los discos que estamos grabando con música pirata, por los politonos de móvil, por todo lo que se pueda.

El problema es que, para ejecutar esas digamos leyes que según ellos les permite forrarse, tienen muchos problemas. Básicamente tienen dos tipos de herramientas: técnicas y legales. Las herramientas técnicas sencillamente no funcionan. Porque no se puede hacer que una persona reciba el derecho a oír una cierta música sin que otras personas aprovechen ese derecho. Es decir, si yo le doy una clave a este señor para reproducir esa música, esa clave la puede usar otra persona: la puede dar él, se la pueden robar o la puede perder. Si la clave va oculta dentro del propio disco, como los sistemas anticopia que están haciendo ahora para los DVD de nueva generación (los BlueRay y los HD-DVD), hay gente inteligente fuera de la industria discográfica que sabe mirar los discos, averiguar dónde está la clave o qué procedimiento hay para poder ripear el sistema.

Hay gente inteligente en todos sitios, y mucha de esta gente inteligente va a poner su cerebro para poder desproteger el disco que él quiere oir, y si los demás lo usan también, pues mira, eso que tienen ganado. Y por eso, durante años, las grandes discográficas españolas y extranjeras están volcando millones en lo que llaman DRM, es decir, sistemas digitales para controlar los derechos de reproducción, sin éxito. Del mismo modo que en los años ochenta, cada uno que hacía un programa de ordenador le ponía un protector anticopia, y enseguida alguien diseñaba el anti-anticopia; con lo cual, al final tuvieron que reconocer que no se podía. Es decir, técnicamente es, si no muy difícil, imposible, poder parar la reproducción de música que tú no controles.

Desde el punto de vista legal, el problema es que los medios legales que tienen no son operativos. Meter en la cárcel a toda la gente que te compra películas, primero no es bueno para los negocios, y segundo, no habría cárceles suficientes. Casi podríamos resolver el escándalo inmobiliario, porque habría que sacar a todos los constructores de la cárcel: primero para hacer sitio y segundo, para que hicieran más cárceles. Hay otros países en donde lo tendríamos bastante peor, porque en Estados Unidos hay leyes que permiten llevar a juicio a una persona aunque tenga noventa y ocho años o esté muerta -se han dado casos- y reclamarle diez mil dólares por cada canción que se han reproducido sin permiso … y los tribunales dicen que sí. Aquí no llegamos a tanto, para nuestra ventaja, pero el hecho es que están usando todo tipo de procedimientos en la medida de lo posible.

Cada ley que aparece, la industria la intenta cambiar para barrer para casa en lo posible. Hemos hablado aquí de muchas leyes, de muchas cosas que hacen, pero yéndonos un poquito más arriba, ¿por qué hacen todo esto? Digamos que todo podría venir dado mediante un procedimiento en tres fases. Nadie, a lo largo de la historia, ningún grupo pequeño ha podido dominar a un grupo grande y hacer lo que quieren que hagan sólo por la fuerza bruta. La SGAE son ochenta mil miembros, la mayoría de ellos son buenas personas, nosotros somos muchos más, o sea que por la pura fuerza numérica no pueden. ¿Cómo lo hacen? Yo lo he clasificado en tres grandes procedimientos de control musical por así decirlo, de vigilancia musical.

Uno: la desinformación. No mentir descaradamente, pero sí decir la verdad a medias, disfrazada de manera que se de a entender una cosa muy distinta a lo que realmente es. Si no quieren que se copie música, o una película, no nos van a traer la ley completa y a decir “sí, mire, pero si no hay ánimo de lucro no le pasa a usted nada, pero luego no lo venda”, porque así le están diciendo a la gente lo que pueden hacer legalmente. Lo que nos encontramos cuando nos compramos una película que pagamos nosotros, o nos metemos en el cine, es el aviso de que cuidado no se le ocurra, que cualquier tipo de comunicación pública, radiodifusión o lo que sea podría ser constitutiva de delito que podría castigarse con hasta cuatro años de cárcel, multa, etc.

Es decir, te ponen lo más grave que puede pasar, sin decirte que no te va a pasar eso porque cuentes a los demás cómo acabó “Bambi”. Si os ponéis a leer el aviso, incluso con deciros “oye, a la mamá de Bambi la matan” ya he violado la ley, porque estoy comunicando parte de esta obra. Evidentemente, los cuatro años de cárcel y multa de nosecuanto no es para ese caso de bagatela. Es para los casos graves, en los cuales no es que me dedique a desvelar el final de “Bambi”, sino que empiezo a coger “Bambi”, a hacer copias, vendéroslas a vosotros y comprarme un chalé con ese dinero. Es decir, lo que es lucrarse con el esfuerzo de otro para beneficio económico propio es algo que evidentemente las leyes persiguen, y el aviso ése está basado en eso. Pero si se dice de manera que pueda darse a entender que incluso bajarse una canción de Internet significa que te pueden, en principio, caer cuatro años de cárcel, no es mentir pero tampoco es decir la verdad. Por eso en las películas americanas, cada vez que alguien va a testificar, le dicen “¿jura usted decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?”.

Porque es muy sabido que la mejor manera de mentir es meter elementos de verdad o decir sólo parte de la verdad. De manera que no se está mintiendo cuando se dice “cuidado, que puedes ir a la cárcel por descargarte una canción”. Hombre, poder, puedo. Si le pego una bofetada a Mercé a lo mejor me meten cinco años de cárcel, si el juez es cuñado suyo y resulta que además odia a los granadinos. Pero normalmente no va a ser el caso. Hay unas leyes que regulan lo que nos puede pasar cuando hacemos algo, claro que si nos vamos al peor de los casos…

Es una manera de desinformar, es decir, no informar mintiendo sino maquillando la verdad de manera que parezca más terrible de lo que sucede. Y mucha gente la idea que tiene es esa, que como me descargue un disco de Internet dice el código penal que me pueden meter cuatro años de cárcel. Parece que no, nosotros podemos saber del asunto, pero hay muchísima gente que lo único que sabe es lo que le dicen. Así que la técnica de desinformación en todos los aspectos, usada por las entidades de gestión de derechos de autor, es una herramienta muy potente.

Asociada a ésa, la segunda herramienta es la de la propaganda. Ya no es decir la verdad en parte, sino hasta cierto punto asustar. No asustar en plan “a ti te voy a meter en la cárcel porque eres muy malo”, sino hacer campañas publicitarias tipo “la ley actúa”, “si no le robas el coche al vecino, tampoco deberías robar música”. Más que desinformación son campañas de propaganda, con todo lo que ello lleva implícito: mucha publicidad, mucha campaña mediática, mucha campaña propagandística, con mismo objeto que tiene Gilette cuando contrata a David Beckham para vender maquinillas de afeitar. No se está centrando en que la maquinilla es buena, en que de un apurado perfecto, sino que como la usa David Beckham y David Beckham es muy listo, pues venga, a comprar las maquinillas.

Es decir, no se dan razones objetivas sino que se intenta maquillar todo, y algunas de las declaraciones de las que puso Ana hace un rato (de Teddy Bautista, de Pedro Farré); la mujer que salió hace un momento (Pilar Bardem), que venía a decir que “cuando alguien me graba sin permiso, me están robando algo mío”… Claro, llegar a estos extremos a nosotros nos parece una tontería, pero hay mucha gente que lo oye e incluso se lo cree “oye, pues a lo mejor tiene algo de razón”. Las campañas propagandísticas lo que tiene en cualquier ámbito es no intentar convencer mediante argumentos sino mediante el envoltorio. Y repito: a nosotros nos parece tonto, pero mucha gente que lo oye cae en ello.

Y también sirve para un propósito más sibilino. Y es que, cuando alguien quiere cambiar la ley a su beneficio, lo mejor es la campaña publicitaria para 1) dar sustentabilidad a sus argumentos, y 2) crear un estado de opinión. Todos esos anuncios de “ahora la ley actúa” no pretenden tanto convencer al internauta de que deje de descargar porque es muy malo y va a ir al infierno, sino crear un estado de opinión de tal manera que los jueces, los abogados, los legisladores actúen en consecuencia. Una cosa que creo que conocen los abogados (digo creo porque estoy hablando como abogado pero no soy abogado) es que los abogados, los jueces, los tribunales actúan en consonancia con lo que la sociedad piensa que está bien o que está mal.

Si creemos que la pederastia es un asunto malo y que es perseguible de todas todas, los jueces van a actuar así, los abogados van a actuar así, los legisladores van a actuar así. ¿Por qué? Porque es una materia muy grave de la que exigimos a todos los medios judiciales y policiales tolerancia cero. Y nada de que “es que tenía un mal día”, o que había perdido su equipo, no. Si le pega a un niño, a por él, y si viola a un niño a por él más. Es una cosa que tenemos muy asumida, nadie necesita convencernos. Si hacen una campaña contra los malos tratos, hasta cierto punto es llover sobre mojado porque ya estamos muy concienciados sobre eso.

Ahora, si no estamos tan concienciados sobre si descargar películas o intercambiar música es malo, tienen que convencernos. Y el propósito de muchas de esas campañas es convencer a la gente de que es muy malo, de que los autores se van a morir de hambre, que pobrecito Sabina que tiene que comer. ¿Qué pasa? Que con eso se pueden ir al Congreso y pueden justificar un cambio en la ley; y si se personan en un juicio, pueden justificar ante el juez que hay mucha alarma social, que la gente exige, que la opinión pública tiene un clamor contra tal … es decir, te cambia la percepción con objeto de que sea más fácil imponer medidas contra la gente que, a fin de cuentas, le está quitando el pan de la boca. No es simplemente decir “mirad qué buenos somos nosotros y qué malos son los otros que no les caemos bien”, sino por un propósito concreto: conseguir ventajas muy concretas para ellos.

Y la tercera gran herramienta es el miedo. Cuando hacen un juicio de estos, cascan o no al que han pillado, pero la ventaja para la sociedad de gestión que pone un juicio no es contra esa persona sino contra todos los que están mirando alrededor. Es como cuando en “Piratas del Caribe” (voy a violar otra vez la ley), llega Jack Sparrow y lo primero que se encuentra es a los tres piratas muertos, colgados de una soga, y el aviso de “piratas, estáis advertidos”. Son avisos a navegantes, una manera de decir: no vamos a por ti ahora, pero ten cuidado que hemos ido a por éste, e igual podemos ir a por los demás. Se trata de crear ejemplos para modificar la conducta. Los americanos están muy aficionados a esto y lo llaman “enviar mensajes”; lo dicen así, “con esto se va a enviar el mensaje a la sociedad que tal”. Es decir, no les preocupa lo que haya descargado o dejado de descargar esa persona, es sólo una cabeza de turco para decir “y cuidado los demás, que ahora vamos a por vosotros”.

A veces funciona, por supuesto, a veces no funciona. Hace algún tiempo, hubo un abogado de PriceWaterhouseCoopers, Xavier Ribas, que lo intentó. No llegó siquiera a denunciar a nadie, hicieron una nota de prensa anunciando que iban a denunciar a 95.000 personas que descargaban películas p2p, porque estaban violando una ley, etc, etc. Luego les salió mal porque todo el mundo se puso de uñas, tuvieron que echarse para atrás, pero la idea es esa, “cuidado, que vamos”. Evidentemente no van a ir, porque no tienen 95.000 abogados, pero van a hacer lo que puedan para coger a unos cuantos y para que los demás tomemos el aviso y digamos “bueno, pues por si acaso…” y comencemos a controlarnos a nosotros y a censurarnos a nosotros.

Es un procedimiento que en Estados Unidos se conoce con el nombre de FUD, que son las siglas de “temor, incertidumbre y duda”. Y que, si os fijáis bien, a lo largo de la historia lo han usado prácticamente todos los dictadores y, en general, todas las personas que quieren imponer sus ideas sobre otro grupo de personas: crear información falsa, crear propaganda para que la gente se crea lo que queremos que se crean, y crear miedo. O sea, que eso de meter a los siete millones de internautas en la cárcel no es lo que pretenden, evidentemente, lo que se pretende es meter a algunos en la cárcel, meter miedo, y que los otros siete millones digan “vale, vamos a ser buenos”. Y que nos planteemos qué vamos a hacer en nuestras páginas web, qué vamos a decir, qué vamos a actuar” … es decir, hacer que cambiemos nosotros nuestra propia actitud y nos autocensuremos.

En este sentido, hoy mismo hemos hablado, y se habla en Internet qué hacer cuando van a por mí, o cuando resulta que alguien ha puesto un comentario injurioso, o cuando a alguien lo han condenado y a lo mejor yo tengo una página web muy parecida a la suya. Es decir, tenemos que vencer el miedo. Y una de las mejores maneras de vencer el miedo es con contramedidas. Estas medidas son muy potentes (bien usadas pueden tener pueblos enteros sojuzgados durante generaciones), pero nosotros no somos tontos, y para cada arma siempre se ha diseñado una contra-arma. En reuniones como ésta, lo que estamos buscando son posibilidades de intentar contrarrestar esas medidas de temor no sólo contra nosotros sino contra la sociedad: nosotros ya podemos tener las cosas muy claras, pero recordad que hay cuarenta y pico millones de personas ahí fuera sólo en España, y a esas personas es a las que hay que convencer de que no se dejen llevar por el temor, la incertidumbre y el miedo.

Sería, pues, el momento, de crear nuestra caja de herramientas para sobrevivir a la SGAE, es decir, para saber qué hacer en caso de que vayan a por nosotros o sencillamente de que no vayan a por nosotros pero que a nosotros no nos parezca bien cómo están planteando esta sociedad de la cultura. Es decir, aunque yo no grabe discos, a lo mejor me interesa que la cultura sea libre, que no es que no se pague un duro por nada pero que tengamos también cierta capacidad para intercambiar las obras que tenemos y para no tener que estar preocupados de que, si he silbado cuatro notas, si puedo silbar cuatro más o tengo que pagar derechos. A mí se me han ocurrido unas cuantas, y por supuesto a vosotros se os ocurrirán otras cuantas (espero yo).

Una de ellas es actuar dentro de la legalidad. Muchas veces, el problema puede ser que no entendemos la ley adecuadamente y creemos que estamos pisando terreno firme cuando estamos pisando arenas movedizas. Un ejemplo puede ser para mí el caso de la SGAE contra alasbarricadas [por error dije Frikipedia en la charla]. El que tenía el dominio fue condenado porque aparecía una imagen de Ramoncín y unos comentarios ofensivos, etcétera. No entendí bien la sentencia, pero la idea venía a ser que, según la LSSI (Ley sobre Servicios de la Sociedad de la Información), cualquier prestador de servicios tiene que tener una dirección de contacto. El problema es, según lo entendí yo en la sentencia, no se culpaba realmente al que había puesto el dominio, pero esa persona tenía que haber puesto (según la LSSI) los datos necesarios para poder contactar con él. Se estimó que, como no lo había hecho, no se había podido contactar con él para decirle “quite usted esta página porque el juez lo ordena” y, a pesar de que esta persona después quitó la página, el hecho de que quitara la información se vino a entender como una confirmación de que, si hubiera querido y hubiera tenido la dirección de correo electrónico para contactar con él, hubiera actuado con más diligencia y hubiera quitado la página web de inmediato. Como no fue así, pues se entendió que fue como una especie de obstrucción, es decir, que no había puesto todos los medios para que pudieran comunicar con él, y por eso lo hicieron responsable. Es decir, que si hubiera hecho una cosa tan tonta como poner la dirección de correo electrónico, por lo menos por ese apartado de la ley no le hubieran podido meter mano, a lo mejor lo hubieran podido atajar por otro lado.

Pero lo que no se puede hacer es dejar los flancos expuestos. Hay que cumplir la ley porque nos interesa. Hay que tener en cuenta los detalles de ese tipo. Como tener en cuenta que la LSSI se aplica a los prestadores de servicios de la Sociedad de la Información. ¿Y eso qué es? Pues la ley especifica qué es: servicios prestados a petición del interesado, cobrando, cumpliendo una serie de condiciones. También dice que hay páginas web que no se cobran y que pueden ser prestadores de servicios en la medida en la que representen una actividad económica. De manera que, dependiendo del juez que nos toque en un momento dado, puede entenderse que poner un banner con publicidad puede representar una actividad económica. O no. No se sabe, realmente no se ha probado en los tribunales, pero tenemos ese flanco abierto, y es bueno saberlo, porque a lo mejor no nos compensa ganar veinte euros todos los meses si a cambio un juez puede entrar por ahí y decir “oiga, usted es un prestador de servicios, por lo tanto le aplico la legislación vigente”. Repito, es una cosa que no está probada en los tribunales pero con lo que hay que tener cuidado.

Tenemos que conocer las leyes que nos atañen: la LSSI, la LISI, la Ley de Propiedad Intelectual; todo lo que nos pueda afectar, para saber por dónde nos pueden venir los tiros. Ya sabéis que nadie puede dar cuatro pasos sin violar la ley. Quién no se ha saltado un semáforo, quién no ha hecho cualquier cosa que no sabe si es ilegal, o inmoral, o engorda, o lo que sea. Ahora bien, cuanto más informados estemos de los riesgos que pudiéramos correr hipotéticamente en un momento dado, pues tanto mejor, porque podremos calibrar hasta dónde podemos llegar o no. Y si insultamos a una persona, pues ya sabemos lo que nos puede caer encima. Como decía un personaje de “Don Camilo”, de Giovanni Guareschi: hay que actuar en la legalidad aunque sea a cañonazos. Es decir, no dejarse asustar, pero si la ley dice esto, aunque no nos guste, pues señores, es la ley, y si no la seguimos, corremos el riesgo de que nos la apliquen. En eso tenemos que tener cuidado; y puede ser beneficioso, porque detalles como tener la obligación de tener la dirección de correo electrónico y tal, cosas que son muy pequeñas, pues nos pueden quitar de problemas.

[En este punto, se me corrigió esta información: el demandado tenía la dirección de correo electrónico, peor el juez afirmó que no constaba que dicha dirección “fuese efectiva para contactar con él”, como efectivamente dice la sentencia].

En segundo lugar: lo que son leyes. Hay que conocerlas y … voy a decir una tontería: intentar cambiarlas. Digo “una tontería” porque somos poquitos, tenemos poca fuerza y es muy difícil cambiar una ley. Si eres una entidad de gestión de derechos de autor, manejas mucho dinero y conoces a mucha gente, es más sencillo. Pero el hecho es que, hasta que no nos movamos, las leyes no nos las van a cambiar. Hace falta pensar un poquito en lo que queremos hacer, dedicar algún esfuerzo hablando con los vecinos, o poniendo una página web, dándole la lata al congresista (que no sabes quién es, pero está allá en Madrid, representándote) … en suma, intentar hacer algo para cambiar lo que no nos gusta. Es utópico porque es muy difícil que cuatro personas cambien una ley, pero el hecho es que es la única manera. Si la SGAE quiere cambiar la ley para beneficiarse, nosotros para beneficiarnos tenemos que cambiar la ley, no podemos dejar que alguien la cambie por nosotros.

Porque no sé si os habéis dado cuenta, pero los parlamentarios no siempre hacen lo más conveniente para nosotros. ¡Ojalá lo hicieran! No habría más que decir “eh, ¿queréis que se cambie esta ley? ¡Sí!, ¡no!”. En la Grecia Clásica se podía, pero porque cabían todos en la plaza del pueblo y se podía votar directamente. En el momento en que hemos comenzado a delegar porque cuarenta millones de personas no cabemos en el mismo sitio, pues tenemos ese tipo de limitación.

Una tercera parte, muy importante, de contramedidas es cuando llegan los juicios. Ojalá nadie nos denuncie, pero una vez que a alguien le ha llegado la notificación del juez se nos cambia el cuerpo totalmente. A mí no me ha llegado nunca ninguna, y espero que nunca me llegue. Pero, evidentemente, saber que hay un juez, un tribunal que te están llamando para pedirte cuentas y que como no las expliques muy bien te pueden cascar bien cascado, la verdad es que no le deja bien el cuerpo a nadie, incluso aunque uno no haya hecho nada. Si encima el tribunal cree que has hecho algo por lo que te pueden meter en la cárcel o poner una multa … no me imagino a la pobre Ana [de Traxtore], que lleva cuatro años defendiéndose y haciendo lo posible para que me dejen en paz, no tenéis más que imaginároslo.

Pero hay que tener en cuenta que los juicios los gana uno o los gana el otro. Y los juicios se ganan dependiendo, entre otras cosas, de los abogados. De manera que, si la otra parte tiene un abogado para machacaros, también tendréis uno para defenderos. Así que el primer consejo, en ese momento, es: pillaos un buen abogado. Y “un buen abogado”, uno que se sepa bien las leyes y sepa defenderos lo mejor posible. No un abogado que sea el cuñado de tu sobrino, que es muy majo y muy buen tipo, que te resuelve la declaración de la Renta pero que no está bien preparado porque no se sabe la Ley de Propiedad Intelectual como pueda sabérsela un experto.

Es una herramienta con la que lo mismo se puede atacar que defender, así que tenemos que saber defendernos. Y lo que decía David [Maeztu]: una carta de un abogado acojona mucho, vale, pero es sólo una carta de un abogado. Yo lo sé porque mi mujer es abogado y escribe cartas de esas, y muchas veces la carta es lo mismo que lo que dice la persona que representa, pero como viene con el bufete de tal asusta más, y la gente tiende a prestarle más atención que al vecino que dice “oye, que no me gusta esto”. No es lo mismo que el vecino diga “oye, deja de tender encima de mi ropa, que me la manchas” que mandar una carta de un abogado diciendo que haga usted el favor, que si no se pensará en establecer medida legales, etcétera … todo ese cuerpo legal que, apenas lo leemos, nos ponemos malos. Si alguna ha recibido alguna vez una carta certificada de la Agencia Tributaria, ya sabe a lo que me refiero. Y si nos dejan como nos dejan aunque sólo sea para decir “oiga, que la paralela esta bien, le mandamos los dos euros con cuarenta y ocho” y ya nos pone el cuerpo malo, pues claro, que te metan de juicios te pone el cuerpo mucho más malo, pero son leyes y son cartas y son cosas contra las que podemos luchar.

Y una cosa muy importante: en lo que son temas de juicios, de tribunales y de abogados, no solamente hay que defenderse. Hay que atacar. Como ha dicho aquí Ana y otra gente: ¿por qué tenemos que estar, como dijo Shakespeare, “soportando los golpes de la adversa fortuna” solamente? Es decir: ellos nos atacan, nosotros nos defendemos, a veces podemos, a veces no. ¿Por qué nos defendemos nosotros y no se defienden ellos? Porque, a fin de cuentas, ellos seguro que violan la ley mucho más que nosotros. Constantemente nos están llamando chorizos, nos están llamando ladrones, nos están llamando piratas, nos están diciendo que “ahora por fin la ley actúa, para poner a la gente en su sitio”. Es decir, están haciendo una de comentarios injuriosos y falsarios, el mismo tipo de comentarios por los cuales ellos llevan a juicio a otra gente.

Y, del mismo modo, si alguien dice “Pedro Farré es un chorizo” (hipotéticamente hablando, que esto lo están grabando), si alguien lo dijera yo podría estar hipotéticamente estar de acuerdo con él o no, en función de mi opinión, pero las opiniones son como decía Clint Eastwood, como los culos, todo el mundo tiene uno. Uno puede opinar lo que quiera. Ahora, del mismo Pedro Farré opina que es injurioso y que va contra su honor, te monta el pollo legal y probablemente tenga razón y probablemente lo gane. Pero si luego él, o cualquiera de los suyos, dice que estos son unos ladrones, y que se ha desarticulado una banda que robaban y que hacían no se qué, ¡eso es una injuria!. ¿Por qué no nos podemos nosotros defender de ellos? ¿Por qué no podemos ponerles una demanda cada vez que uno de ellos diga “los internautas son unos chorizos”, o “los españoles son deshonestos”, o “esta banda se dedicaba a nosequé”?

[Voz entre el público: porque no tenemos el mismo equipo de abogados que ellos]. Pero es que no hace falta mucho abogado para eso. Una denuncia por injurias y calumnias es tan sencilla que hasta la ponen los famosos, que presumen de grandes abogados y de que “lo pongo en manos de mis abogados”, como si necesitaran más de uno. Este señor me ha dicho algo que yo creo que es injurioso, y al tribunal va; luego el tribunal decide. No vamos a llegar a ninguna parte si solamente nos defendemos. Es una postura loable, pero en el momento en que nos ataquen tenemos que contraatacar. Se suele decir que la mejor defensa es un ataque. A lo largo de la historia, los mejores generales son los que se defienden atacando, no simplemente poniéndose detrás del parapeto y aguantando los golpes.

Y, de hecho, me ha llamado mucho la atención –favorablemente- que esta semana se está yendo al ataque. Cuando pensé en decir esto, ni siquiera había salido la noticia, pero esta misma semana la Asociación de Internautas, la Asociación de Usuarios de Internet y otro par de entidades más han puesto en conocimiento de la Fiscalía esto (tenéis una copia por ahí), que ilustra los tejemanejes, presuntamente, no lucrativos que lleva la SGAE y que les relaciona con entidades donde se mueve pasta, y mucha. Lo que ha hecho esta gente es, sencillamente, ir a la Fiscalía diciendo “oiga, yo como ciudadano tengo de, si veo algo que es delito, denunciarlo y que ustedes vean, pues yo he visto que la SGAE, que es una entidad a pesar de lucro, a pesar de eso tienen aquí un entramado societario que no sé pero a mí me parece que hay algo turbio”. Nada más que eso. No han acusado a la SGAE de ser unos chorizos que están ganando dinero, no; han dicho “oiga, yo he visto esto que me parece muy raro, investíguelo y si ve usted que es constitutivo de delito adelante, si no archívelo y punto”. Por lo menos, ya se está yendo al ataque.

Y debe ser una táctica buena, porque la SGAE la ha copiado y ha atacado a los atacantes. Ha anunciado que va a querellarse contra los que se querellan contra él. Han dicho lo típico: que se le han montado una campaña de desprestigio, que si se meten con ellos, que ellos son muy buenos … en fin, que han aprendido que la mejor defensa es un buen ataque y ellos están atacando a su vez. Lo conseguirá o no, pero el hecho es que ya se está plantando el germen para que la gente que se siente ofendida o injuriada porque la llamen pirata o ladrones contraataquen. ¿Por qué narices nos tienen que llamar ladrones a nosotros? Si hasta las leyes permiten la copia privada; si yo descargo una canción y no la robo a otro sitio, sino que tengo una copia y dejo el original en su sitio; si, aunque fuera ilegal, no hay ningún tribunal que me diga que soy un ladrón, y por lo tanto no soy un ladrón. Si a Teddy Bautista un tribunal lo declara chorizo, yo lo podré llamar chorizo todas las veces que me dé la gana, porque ya no es una opinión ni una injuria: oiga, es cierto, y un tribunal lo ha dicho. Mientras no, yo me tengo que estar callado.

Pero, del mismo modo, si yo estoy siendo acusado de ladrón por una persona que tiene todos los micrófonos abiertos, y yo no soy un ladrón y nadie me está investigando por ladrón, yo no tengo ninguna obligación de aguantar eso, ni que mis niños vengan y me digan “oye, papá, ¿por qué ese señor dice que eres un ladrón, tú no eras buena persona?” Pues claro que soy una buena persona, y le voy a meter un puro a ese tío por insultarme. Porque eso de las injurias y el derecho al honor es la manera que teníamos de chicos de decir “profe, es que se ha metido conmigo”. Vale, la ley se lo permite, pero también me lo permite a mí. Y del mismo modo que eso, todo. No deberíamos poder aguantar que la gente que está yendo tras de nosotros usen los mismos procedimientos que se supone usamos nosotros y se salgan con la suya. Aquí todos moros o todos cristianos. Si yo le llamo chorizo, usted me denuncia; si usted me llama chorizo, yo le denuncio. Así de sencillo.

Y ahí tenemos las de ganar, porque somos más que ellos. ¿Qué pasaría si cien mil personas se sintieran aludidas cuando dice el señor Pedro Farré -supuestamente- que los internautas son unos ladrones? Pues que tendría cien mil demanda judiciales, empiece a preparar los abogados. La mayoría no prosperan, la mayoría no irán a juicio siquiera, pero el hecho de saber que ya van detrás tuya … a este juego pueden jugar dos. Eso está clarísimo.

Y, mientras tanto, también podemos usar contramedidas tecnológicas. Hay un autor muy famoso sobre temas de criptografía, Bruce Schneier, que escribió un libro que es prácticamente la biblia de la criptografía. Todos los que tenían que hacer programas de ordenador para firmas digitales, o criptografía de cualquier tipo, lo usaban. Y la filosofía del libro era “aquí tienen ustedes las medidas técnicas para protegerse de cualquier ataque, para proteger su información, para proteger su intimidad, para lo que sea”. En el segundo libro que escribió, vino a decir: “¿se acuerdan del libro anterior que escribí? ¡Ni caso!” ¿Por qué? No porque el primer libro sea malo, porque los algoritmos criptográficos sean malos; sino porque eso no les defiende de por sí de los ataque de todo tipo que sufran por parte de piratas, por parte de personas que se hagan pasar por usted … es decir, es una herramienta, pero no es la solución perfecta. Y, del mismo modo que las entidades de gestión de derechos de autor han descubierto que no hay soluciones técnicas para proteger su música, pues tampoco hay soluciones perfectas para protegernos nosotros.

Pero eso no significa que no podamos establecer protecciones parciales. Nosotros ponemos puertas blindadas. Si un ladrón viene con las herramientas apropiadas, puede abrirla con ganzúas o tirar la puerta abajo. El hecho es que nos protegemos en la medida en que podamos. Y hay muchas medidas sencillas que podemos usar en todos los ámbitos para intentar protegernos a nosotros y a nuestra intimidad. Por ejemplo, yo uso emule. No diré para qué lo uso porque esto se está grabando, pero si lo usara para descargar películas una de las cosas que usaría sería una opción llamada ofuscación de protocolo, que significa básicamente que la red no sabe qué tipo de información estás transmitiendo, no logra identificarla como una película o como una canción, de manera que se están mandando datos pero no se sabe de qué.

[Pregunta entre el público: ¿y cómo se hace eso de la ofuscación de protocolo?] Creo que, en Opciones, hay algo que dicen que pone “ofuscación de protocolo”, con lo cual solamente se eligen aquellos servidores donde se admite la ofuscación de protocolo [Nota: dicha opción aparece en emule, menú Preferencias/Seguridad/”Activar la ofuscación de protocolo”]. De esa manera, no solamente evitamos a alguien que esté pinchando la línea para poder denunciarnos por piratería, sino que si a nuestra operadora le da por capar (“estas son muchas películas, son muchos datos, me estás atorando el ancho de banda”), que no lo puedan detectar fácilmente.

Del mismo modo, hay operadoras que cortan los puertos (cada tipo de protocolo de comunicación tiene un puerto: http tiene el puerto 80, ftp tiene el puerto 25), y hay una serie de puertos que por defecto usan programas como emule o cualquier otro. ¿Qué pasa?, que si no los tocamos, si los dejamos como están, van bien, pero si nuestra operadora decide que estamos usando mucho ancho de banda, ¡huy! casualmente por estos puertos parece que no se puede pasar. Y los router que te mandan ya tienen los puertos cerrados para que, si tú sabes abrirlos, muy bien, los abres, si no, pues te quedas sin. Una cosa tan tonta como cambiar los puertos permite que no te estén capando tan fácilmente y que no se pueda saber tan fácilmente qué es lo que estás haciendo. Hay programas, bittorrent por ejemplo, que directamente usa encriptación: cifra los datos para que no se sepa qué se está usando.

David [Maeztu] ha dicho que no se puede interceptar todo ese tráfico si no hay una causa justificada y si no hay un delito grave. Yo digo que no se puede interceptar legalmente. Ahora. Pero que la ley no lo permita no significa que la técnica no lo permita. Ahora la ley dice que no se puede hacer eso, pero a lo mejor la ley dentro de dos años cambia. A lo mejor las fuerzas oscuras se ponen a presionar para que la ley se cambie. O a lo mejor encuentran un juez que lo admita. Hace algún tiempo, de hecho, un juez desestimó una petición de la entidad Promusicae, que quería que las operadoras les diesen las direcciones IP de todos los que se descargaban películas. Así, por la cara. Están descargando cosas con derechos de autor, etcétera. El juez pidió opinión a la Unión Europea, y le vinieron a decir que no había obligación porque era para la persecución de delitos graves, y lo desestimó. Pero el hecho es que, si un juez un día se levanta con el pie izquierdo y un Maserati de más en el garaje y decide que sí pueden hacerlo, pues ante una orden judicial las operadoras están obligadas a cumplir.

Y estoy hablando de medidas estrictamente legales. No estoy hablando de medidas no legales pero técnicamente posibles. Hay una ley de la que se habló hace poco, sobre conservación de datos. Tiene un nombre muy bucólico, “conservación de datos”, no parece nada grave. Y esa conservación de datos consiste en que, durante uno o dos años (no recuerdo bien), todas las operadoras tienen que guardar todos los datos asociados a una comunicación. Quiere decir no el contenido de la comunicación en sí, sino todos los datos asociados: cuándo se hizo la comunicación, a quién, a qué número, por medio de qué línea, durante cuanto tiempo, etc. Si habéis leído alguna novela de Sherlock Holmes, como “el sabueso de los Baskerville”, recordad cómo cogía una carta y, sin leerla, ya sabía prácticamente de quién era. ¿Por qué? Porque se ponía a analizar el tipo de papel, si había algún perfume característico, el tipo de letra, la calidad del papel … todo ese tipo de información del envoltorio que le permitía sacar un montón de información solamente de eso. Y es algo muy grave, porque en ocasiones es mucho más perjudicial para nosotros que sepan eso que el que sepan el propio contenido de la llamada.

De hecho, esta técnica llamada “análisis de tráfico” por los militares lo inventaron ellos y lo pusieron de moda durante la Segunda Guerra Mundial. No sé si sabéis que los ingleses descifraron los códigos de las máquinas Enigma para leer las comunicaciones alemanas. Antes de eso, en el año 1940, cuando todavía no sabían cómo meterle mano al mensaje cifrado en sí, una de las personas que se habían reunido para intentar descifrar los mensajes pensó: “bueno, yo no tengo ni idea de cómo descifrar estos mensajes, y como no sé qué dicen voy a trabajar con la información que conozco. ¿Y qué conozco? Bueno, quién ha mandado los mensajes, por qué longitudes de onda, de qué forma, desde qué lugares, con qué frecuencia”. Es decir, con toda la información asociada. Y solamente con eso, pudo construir el orden de batalla del ejército alemán: saber dónde estaban las emisoras principales, las subordinadas, qué protocolos de comunicación tenían, a qué horas mandaban los mensajes, cómo tenían que hacer el acuse de recibo … un montón de información. Tanto es así, que se dio cuenta de que en la zona de Dinamarca y Escandinavia estaba pasando algo, los alemanes estaban desplegando allí un montón de tropas, poniendo allí un montón de emisoras, mandando un montón de mensajes. No sabía que era, pero todo indicaba que iba allí a pasar algo. Intentó convencer a sus superiores, pero como eso del análisis de tráfico todavía no estaba establecido, no le hicieron caso. Dos días después, las tropas alemanas estaban en Dinamarca e invadiendo Noruega.

A partir de ahí, y de un par de pifias más que metieron los ingleses, al final aprendieron el valor de esa información. Y por eso, desde entonces, antes de nada, cuando un enemigo va a plantear una batalla lo primero que hace es callarse: el silencio radio. Establece puestos fantasma de comunicación, envía mensajes falsos para que el enemigo no vea que está pasando algo. Y eso, a partir de entonces, se ha convertido en una práctica estándar de los ejércitos: evitar que el enemigo, solamente poniendo la oreja y sin saber lo que está oyendo, pueda extraer información.

Esta táctica, que han estado usando los militares durante décadas, ahora se está pasando al ámbito civil, de manera que todas estas tácticas de guerra la están usando ahora contra nosotros. No personalmente, porque nos prometen por sus niños que sólo va a ser para persecución de delitos graves, cuando hay un juez, pero están relajando mucho las normas. Están permitiendo, por ejemplo, que un juez autorice, no el pinchazo de estas comunicaciones de esta persona en estas circunstancias, sino un “sí, usted registre esos datos, a ver qué pasa”. Se le da muchísima más amplitud.

Con esto, se está creando una base de datos de una importancia extraordinaria. De aquí a unos años empezaremos a ver el resultado del filtrado de información de esas bases de datos. Porque la gente es falible, hay funcionarios corruptos, hay fallos técnicos, hay muchos intereses económicos. Imaginaos por ejemplo que yo soy (ya me gustaría) Emilio Botín, y que estoy en tratos con otro banco del Brasil para comprarlo. Aunque use encriptación, aunque use teléfonos con alto grado de cifrado, el mero hecho de que otra persona sepa con quién estoy hablando en Brasil, a qué números, a qué horas, con qué intensidad y con qué tipo de personas, a un competidor esta información le pondría tras la pista: “Emilio Botín está haciendo algo en Brasil, vamos a quitarle el banco antes de que vaya él.” Lo que va a salir de ahí en términos de espionaje industrial, político, va a ser lo más grande.

Ya ha habido casos. ¿Os acordáis del follón aquél de la asamblea de Madrid? Descubrieron a los tránsfugas por las llamadas telefónicas. No por el contenido de las llamadas telefónicas, sino porque sabían que tal día, a tal hora, ese móvil que es propiedad de este político estuvo en contacto con este móvil tal día, a tal hora, de esta otra persona que casualmente le pagó la habitación de hotel y etcétera, etcétera. No se planteó, pero nadie dijo que se había pinchado ilegalmente esos teléfonos, porque no se habían pinchado, no se había interceptado la comunicación. Pero tan sólo viendo desde fuera quién llama a quién y de qué manera consiguieron montar todo ese pollo. Pues imaginaos la de escándalos políticos, la de escándalos económicos y de todo tipo que se puede montar. Y lo que vale esa información para una empresa.

O para una entidad de derechos de autor. Líbreme Dios de acusar a la SGAE de ser capaces de hacer algo así como robar esa base de datos. Pero, pero …si conocen a alguien que conoce a alguien que casualmente se encontró esa base de datos en la calle y se la dio para ver qué es eso; o si simplemente sucede un fallo y esa información llega a otras manos, pues la hemos cagado. Hace unos días tan sólo, el servicio de Hacienda británico ha perdido la información de veinticinco millones de personas, toda la base de datos de las personas que recibían ayudas por sus niños: los nombres suyos, los de sus hijos, las direcciones, números de cuenta corriente, números de teléfono.

¿Cómo perdieron esa información? Pues muy sencillo. La Hacienda británica ha descubierto un procedimiento de un ancho de banda bestial para transmitir grandes cantidades de información de un sitio a otro: la estampan en CDs, la meten en un sobre y lo mandan por correo. Pues uno de esos sobres ha desaparecido, y contenía dos DVDs con toda esa información. El Ministro del Interior ha dicho que no se preocupen, que no hay indicios de que esa información haya llegado a malas manos. El hecho es que no hay indicios de nada. Lo único que se sabe es que esa información se ha perdido. Y han dicho que no pasa nada, que no hay motivos para la alarma, pero que por si acaso la gente que tenga cuentas corrientes en esos bancos vayan cambiando la contraseña (por su le han puesto como contraseña el nombre del hijo), y si cambian de cuenta corriente, mejor. No les han dicho que cambien de nombre y apellidos, pero sería el paso lógico.

Mientras haya un objetivote alto valor económico, habrá gente que quiera esa información, legal o ilegalmente. ¿Legalmente?, no podemos defendernos. ¿Ilegalmente?, tampoco, porque no podemos controlarlo. Pero si hay personas que roben esa información, o que la hackeen, o que simplemente quieran tener un Maserati más en el garaje, vamos a estar expuestos a esto. Si entre toda esa información se incluye muy claramente nuestras direcciones IP y qué cosas nos hemos descargado de qué sitio, a lo mejor no es base suficiente para una demanda, pero sí es base suficiente para que comiencen a enviarnos cartas amenazadoras diciendo “sabemos quién eres, dónde estás y en qué calle vives, deja de descargar películas”. Eso ya le pasó a un compañero mío hace unos meses, hubo un follón de estos contra un sistema de p2p, creo que era Kazaa, que llegaron a un tipo de acuerdo como resultado de lo cual los equivalentes de la SGAE americana obtenía toda la información que tenían ellos. La página se cerró, pero casualmente pocos días después, a un compañero mío le llegó un mensaje de esa empresa diciendo “oiga, sabemos que usted descargó esta película tal día, y esta otra película tal día, y que sepa que eso le puede poner en un aprieto”.

No tenían base suficiente para denunciar, pero para asustar es base suficiente y más que suficiente. Y ya sabéis que un truco de policías no enteramente respetuosos con la ley es conseguir la información de modo ilegal y, ya sabiendo lo que se tiene que buscar, ir a buscarla. Imaginaos entonces qué no sería hipotéticamente capaz de hacer una entidad que hipotéticamente nos llama chorizos y ladrones, y que manda gente diciendo “soy inspector y tú tantos metros, tantos euros, y si no, nos veremos en los tribunales”, ¿qué no podrían hacer con todo ese tipo de información?. Hay que defendernos contra ellos, no sólo legalmente sino técnicamente, no darles la menor oportunidad de que nos identifiquen, de que sepan quiénes somos o de que sepan lo que hacemos. Y no porque sea ilegal o no, sino porque es nuestro derecho. Cuando la Constitución garantiza el secreto de las comunicaciones, no es sólo el contenido de la conversación. Y de hecho, cuando salía esta ley, los ministros decían continuamente “no se preocupen, que no vamos a escuchar nada, que son sólo los datos asociados a la llamada”, como quitando hierro. Pero realmente tenemos derecho a que se nos proteja.

Si la ley no puede hacerlo con las suficientes garantías, pues tenemos que protegernos nosotros. Y lo bueno de Internet es que hay mucha gente muy lista y altruista. Lo bastante lista como para decir “pues mira, ahora me invento un protocolo p2p que es inrrastreable, para el que este programa de rastreo y este no funcionan”; y lo bastante altruistas como para decir “eh, chicos, aquí está esto”, no sólo hacer una cosa para uno mismo sino para compartir con los demás, para poder ayudarnos.

Y el punto más importante que tiene que haber en nuestra caja de herramientas antiSGAE-todasestasentidades y demás es información. Vosotros ahora mismo estáis más informados que cuando entrasteis por esa puerta hoy. Habéis aprendido cosas, algunas ya las sabíais, otras las sospechábais, otras decís “oye, mira, eso no lo sabía yo.” Pero si hay aquí 50-60 personas, hasta 42 millones tenemos bastante trabajo. Y no es una tarea trivial, porque muchas de las cosas que os he comentado ahora, de las que se han hablado aquí, o cosas que nosotros sabemos y que damos por evidentes, hay muchísima gente que no sabe. ¿Por qué? Porque la única fuente de información que tiene es lo que tiene alrededor: las campañas antipiratería, descargar es malo, el rollo ese de que la copia privada es la que te haces tú del disco que tú te has comprado para tú oírla en tu coche y en ningún otro sitio más …

Hay mucha gente que no sabe siquiera lo que es una copia privada. Y yo estoy harto (favorablemente harto) de que, cada vez que hablo de esto con un grupo de personas, siempre hay alguien que dice “ah, ¿o sea que eso era la copia privada?, huy, y yo que creía que era otra cosa.” Con eso ya saben lo que es una copia privada, y saben los derechos que tienen con la copia privada, y ya saben lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. Y saben que las redes p2p no son ilegales. Pero ¿por qué lo saben? Pues porque se lo decimos nosotros. Hay que contrarrestar esa campaña publicitaria, con el inconveniente de que no tenemos los medios que tienen ellos pero con la ventaja de que somos muchos y el boca a boca funciona muy fuertemente.

A lo mejor es deformación profesional, porque soy profesor y llevo veinte años enseñando cosas, pero yo creo que es una herramienta muy poderosa. Hay que informar a la gente de los derechos que tiene, informar a la gente de las cosas que no son ciertas para quitarles el temor; informar a los abogados que quizá no están muy puestos en leyes de propiedad intelectual, porque los abogados no se saben todas las leyes perfectamente, y a lo mejor el tío que va a representar a un amigo no se sabe tal detalle. Hay que educar a los jueces, que si contamos con su benevolencia, que son buenos y que lo que quieren es aplicar la justicia, a lo mejor no se saben detalles como que la copia privada es legal, y que no es la copia de tu disco. En definitiva, muchos pequeños detalles en los cuales nosotros caemos pero que hay mucha gente que no cae, de manera que nuestra misión principal es informar a la gente, y hablar hasta que nos hartemos. Y no sólo en reuniones de éstas donde nos hablamos entre nosotros, sino hablar al cuñado, hablar a los primos, hablar a los amigos del colegio del niño, hablar a todo el mundo y decirles “oye, que esto que nos han dicho no es cierto.”

Y, al final, ¿a qué nos conduce todo esto? Pues a contrarrestar la propaganda del temor, del miedo, la incertidumbre y la duda; y a su principal objetivo, que es hacer que tengamos miedo. Muchas de las cosas que se han planteado aquí, entre otros sitios, es el decir: “bueno, sí, es verdad, pero por si acaso…” Y el “por si acaso” viene motivado porque me han metido el miedo; y por si acaso, yo quito este comentario, o por si acaso yo que soy una empresa borro estos blogs, o por s acaso… ¿Por qué? Porque es la manera más sencilla. Los seres humanos, como todos los seres vivos, tienden a la ley del mínimo esfuerzo, a quitarnos complicaciones. Muchas veces es mejor una mala paz que una buena guerra, se dice. Hay mucha gente que dice “no me trae cuenta el tiempo y el esfuerzo que voy a dedicar, prefiero quitarme el problema.”

El problema es que, para quitarnos ese problema, ya estamos llegando a un punto en el que nos censuramos a nosotros mismos. Es decir, hacernos a nosotros mismos lo que a cualquier dictador no le permitimos. En tiempos de Franco por lo menos había dictadura, y sabíamos que era una dictadura. Los que son mayores sabían lo que había, y sabía que había censura, y sabían que no se podía hablar de esto, de eso y de lo otro. Ahora creemos que podemos hablar de todo, creemos que somos libres, pero resulta que hay muchos temas que de facto están censurados. Hay muchas cosas de las que no se puede hablar porque te aplican la legislación vigente. Y, como consecuencia, hay muchas cosas de las cuales no queremos hablar. Y el propósito de toda censura, en última instancia, es hacer que sea innecesaria, hacer que la propia gente se controle; que no se plantee problema porque ya todo el mundo se hace una censura mental previa y se dice “bueno, a ver qué puedo decir y qué no puedo decir para que no me metan en un lío.” En ese caso, los malos ya han ganado.

Lo fundamental es: que no tenemos que tener miedo. No hemos hecho nada malo. Yo tengo miedo si me salto un semáforo y me graba la guarda urbana, porque sé que me van a meter una multa. Yo sé que he hecho algo que está tipificado y por lo cual me pueden perseguir (si no me pillan, tanto mejor, si me pillan tendré que responder). Si yo robo un banco, yo sé que en el momento en que me digan “venga usted para acá, que creemos que ha robado un banco”, la hemos cagado. Pero si no hemos hecho nada malo, si lo único que hacemos es creer que la cultura se debe intercambiar, que no se debe tasar; que los autores deben estar retribuidos, por supuesto, igual que yo soy profesor y quiero que me retribuyan por dar clases, y queremos que la gente que trabaje viva de su trabajo … pero que no haya gente que viva del cuento. No queremos que, por medio del miedo, nos impongan un canon donde, si usted usa el CD como pisapapeles, tiene que parar igual porque a lo mejor luego, cuando se arregle la mesa, lo mismo lo usa algún día para grabar música. Oiga, si lo uso para grabar música, gráveme usted entonces, o persígueme usted entonces, pero no preventivamente. Y sólo mediante una estrategia del miedo se puede permitir que una sociedad aguante ese tipo de cosas.

Yo no hablo como abogado. Un abogado puede recomendarnos que, si un comentario en una página web es perjudicial, nos lo quitemos. Y, desde un punto de vista meramente legal, puede ser lo mejor. No lo discuto. Ahora, desde un punto de vista social, ¿por qué tenemos que estar autocensurándonos? No como abogado, sino como persona, yo digo: no nos censuremos. Si lo que quieren es que nos callemos, no nos callemos. Que nos callen si hemos metido la gamba hasta tal punto que hemos pisado un callo y hemos violado la ley; entonces, nos aplican la legislación vigente. Pero la democracia, según la entiendo yo, consiste en algo más que votar cada cuatro años. Consiste en que tenemos un conjunto de derechos, que son derechos, no privilegios. Si tenemos el derecho a expresarnos en Internet no es porque nadie nos haya dicho “venga, va, podéis expresaros en Internet”, no; es un derecho que consideramos propio. Y los que están arriba tienen que protegernos, limitarlo cuando se viola alguna ley pero dentro de eso que nos dejen tranquilos.

Si quieren que seamos sumisos y paguemos canon y no lo discutamos, ¿por qué no se puede discutir? ¿Por qué a mí me tienen que considerar un ladrón preventivo y cobrarme por unos CDs, por si acaso se me ocurre usarlos para algo malo? Tampoco es por dar ideas, pero ya puestos, que me cobren un canon por el afilador de cuchillos que me compré en Ikea la semana pasada, por si me da por afilar un cuchillo y apuñalar a mi mujer; y que las asociaciones de víctimas digan “sí, ya sé que usted a lo mejor no, pero es que los cuchillos los usa la gente para matarse, así que vamos a poner un canon para ayudar a las personas víctimas de malos tratos.” ¿Y a mí qué me cuenta? Si quieren que el Estado les dé una ayuda directa, háganlo, pero a mí no me digan que por si acaso usted … no, por si acaso no. Si una de las cosas que priman en este país es la presunción de inocencia. Cuando yo sea culpable, seré culpable.

Y, como ya soy culpable de pasarme de hora, acabo diciendo esto: mi idea es que no nos autocensuremos. Que si llamo gordo cabrón a Pedro Farré, me la estoy jugando, pero que si alguien lo dice en mi página web, ¿por qué tengo que hacer yo de censor? ¿Por qué tenemos que andar con miedo? Si el miedo sólo debe tenerlo una persona que sabe que ha hecho algo malo. Pero una persona normal, que paga sus impuestos, que lleva a sus niños al colegio, que lo único malo que hace es cruzar la calle en rojo de vez en cuando, ¿por qué tiene que tener miedo de por si acaso alguien le dice algo en la página web o le pone un comentario injurioso?

La base es: primero, que no nos callemos; segundo, que dejemos de tener miedo; y tercero, que actuemos en consecuencia. Es lo que he intentado haceros ver a lo largo de esta charla, y con la cual espero que me deis un buen aplauso. Gracias.